lunes, 27 de marzo de 2017

La violación como arma de destrucción masiva.

Nadie sabía nada ... o no querían saberlo


"Bosnias – Troyanas"

El viernes 10 de marzo asistí a una representación teatral organizada por alumnas de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos, en Madrid. El tema de la obra, cuyo texto ha sido elaborado por Fernández, es la comparación entre la obra de Eurípides (año 415 a.C) "Las Troyanas" y la situación de la guerra de Bosnia Herzegovina (1.995 d.C), basada en los testimonios, ante los tribunales, de las mujeres que vivieron ese horror

Eurípides, en su obra, plasma la guerra en toda su crudeza,
"necios son los mortales que arrasan ciudades sin dejar piedra sobre piedra ... para reducirlos  a la más lúgubre soledad que es el olvido, porque ellos mismos serán también muy pronto  carne de cementerio"  Dice la diosa Atenea
así describe la caída de Troya en manos de los griegos; del destino de las mujeres -encerradas y posteriormente sorteadas entre los soldados griegos para hacer con ellas lo que quisieran- de los hombres asesinados y la ciudad incendiada. 

Fernández, utiliza este texto, ya de por sí duro, para hacer una analogía con la guerra de Bosnia (1995-1999). Aunque más que guerra habría que hablar de genocidio, de limpieza étnica de todo un pueblo. 

La obra teatral va describiendo, a través del relato de distintas mujeres, el asesinato masivo de los hombres de etnia bosnia (musulmanes), por parte del ejército atacante serbio (cristiano) que pretenden desplazarlos fuera de la región. Del incendio de sus ciudades, de la  violación de mujeres y niñas hasta que quedar embarazadas con el fin de desdibujar la pertenencia de los hijos a la etnia materna bosnia, y así perpetuar la "estirpe" del varón serbio, en un concepto claramente patrilineal, ya que la mujer solo son vistas como simples reproductoras.

La mayoría de las víctimas de violación son mujeres musulmanas y se ha estimado que durante la guerra de Bosnia entre 20.000 y 50.000 mujeres y niñas fueron violadas por soldados serbios con órdenes oficiales, como parte de la limpieza étnica,
 "Ha pasado ya la guerra. Una guerra que duró casi cuatro años y que dejó incontables   victimas. La paz sobrevino y los hombres caídos durante el combate han sido considerados  mártires con todos los honores por defender y dar la vida por su patria. Pero de las mujeres violadas, nadie quiere hablar por considerarlo vergonzoso. Allí quedaron sepultados  nuestros maridos, nuestros hijos, nuestros hermanos. Sin embargo a nosotros nos sobrevino  algo mucho peor. Pero nadie sabía nada o no querían saberlo"  Hasija (ciudadana de   Sarajevo, año 1.995 d.C).

Según Amnistía Internacional la violación se utiliza como estrategia militar deliberada con el propósito de conquistar el territorio mediante la expulsión de la población, diezmando a la población civil destruyendo sus vínculos de filiación, y la eliminación de sus tradiciones culturales y religiosas. Tras este conflicto la violación fue reconocida por primera vez, por los Tribunales Internacionales, como un arma de guerra empleada como herramienta de limpieza étnica y genocidio.

En nuestra memoria colectiva están presentes los genocidios perpetrados durante los siglos XIX y XX. Además se ha utilizado la violación como arma de destrucción, tanto de mujeres como de hombres, entre otras zonas, en:

                                     -       Republica Democrática del Congo
                                     -       Primera Guerra Civil de Liberia
                                     -       Guerra Civil de Libia
                                     -       Timor Oriental
                                     -       Perú (Sendero Luminoso)
                                     -       Colombia (FARC)
                                     -       Guerra de Bosnia
                                     -       Guerra de Kosovo
                                     -       Ruanda
                                     -       Guerra Civil de Sri Lanka
                                     -       Irak
                                     -       Sudán. Región de Darfur
                                     -       Chechenia
                                     -        Nepal
                                     -       Afganistán
                                     -       Chad

Las mujeres que representan esta obra son la profesora y las alumnas del curso de Estudios Clásicos.

Teresa Bachs Rivero

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